Bajda


En el corazón de Villanueva, Guaymallén, tiene su sede una empresa familiar que fundó sus cimientos hace medio siglo en una vieja tradición que llegó desde Europa del Este y que se ha mantenido en el tiempo en base a los valores del trabajo y el esfuerzo

En el corazón de Villanueva, Guaymallén, tiene su sede una empresa familiar que fundó sus cimientos hace medio siglo en una vieja tradición que llegó desde Europa del Este y que se ha mantenido en el tiempo en base a los valores del trabajo y el esfuerzo. Sobre el carril Godoy Cruz, Martín Bajda SRL mantuvo la pasión por la labor de la madera que llegó desde Eslovenia (parte de la ex Yugoslavia) y que tuvo en Don Pedro Bajda al hombre que detectó en Mendoza una zona vitivinícola llena de porvenir donde su especialidad, la tonelería, podía cosechar sus frutos.
 
Desde los ‘80, los herederos de Don Pedro se independizaron y es Martín Bajda una de las ramas familiares que ha marcado una prestigiosa trayectoria. Marcelo, hijo de Martín, tiene las riendas de la empresa y se sentó hablar con Enlace Industrial para contar la historia de la empresa y los desafíos que se vienen motorizando por la innovación constante.
 
“Siempre estuvimos con la madera, hacemos pisos, escaleras,puertas, techos. Todo lo que es obra para el hogar en base a madera”, cuenta Marcelo, quien detalla que uno de sus grandes clientes históricos fue la marca de fernet Branca, (por el oficio de tonelero que trajo su padre de Europa) que les encargó durante años las vasijas para el añejamiento de la popular bebida en argentina." Ahora este trabajo mermó y hemos tenido que ir innovando en nuestro rubro". 
 
“Fueron años duros”, dice el hombre que reparte su tiempo entre labores administrativas, trabajo en obra y supervisión en el taller.
 
Diversificando
 
Hoy, Martín Bajda SRL encontró en la fabricación de puertas de alta calidad y con un cuidado proceso artesanal una veta dentro de la industria de la madera que ha tonificado el rumbo de la empresa. La raíz de este producto nace en el saber-hacer que llevan en la sangre, la construcción de barricas, toneles y vasijas.
 
“Trabajamos madera maciza sobre todo roble, porque como desmantelamos bodegas usamos ese material. Tenemos mucho viraró. En la década de 1960 armamos unas cubas para sidra La Victoria en Cipolletti, Río Negro, y el año pasado las fuimos a buscar y ahora tenemos madera y una pasta que tiene el viraró que es espectacular. Tratamos de hacer todo macizo. Preferimos no hacer enchapado”, cuenta.
 
“Las maderas se enderezan en vapor todo el día. Cuesta mucho conseguirlas, tienen un alto costo y la única forma para conseguirlas es desmantelar bodegas”, agrega Marcelo.
 
Más alejados de las finas estrategias de marketing y la asociación e intercambio con otras empresas del sector, creen que uno de sus fuertes ha sido el “boca en boca”.
 
“Al la persona que le hicimos la primera puerta hoy nos sigue recomendando, la clientela nuestra es esa. Si bien siempre estamos haciendo pisos o escalones, hoy estamos haciendo más puertas. Hay mucha gente que le esquiva a lo moderno y busca lo rústico, lo ‘roto’. Hacemos aberturas de hasta 8 centímetros de espesor, son muy seguras”, explica.
 
Lo que viene
 
Atado al devenir de la industria de la construcción en el sector privado, que hoy está en alza, la empresa ve con buenos ojos lo que resta del año y lo que se vendrá desde el próximo enero.
 
“Tengo buenas perspectivas. Estos últimos meses como que nos han dado un poco más de aire,  ya no está tan parado como a principios de año. Si esto sigue así, podemos llegar a tener un buen 2018”, se aventura Marcelo, quien explica que la venta de pisos ha bajado muchísimo por la competencia de los pisos flotantes.
 
De todas maneras, claro está que ellos trabajan para un segmento de la población que posee buen poder adquisitivo, ya que la madera que ellos comercializan no tiene, en sus palabras, “nada que ver con esos costos”.
 
“Un piso de eucaliptus te sale hoy 850 pesos el metro de una pulgada y te sale 650 más colocarlos. Un piso cerámico, tal vez por 500 pesos lo colocás. Hoy, el piso de viraró sale 2.000 pesos el metro cuadrado”, cuenta.
 
Sueño y tradición
 
“Yo aspiro a que esto sea una gran carpintería. Traigo madera del norte y la trabajamos después de estacionarla.  En este rubro son varios en Villanueva, pero se dedican sólo a vender. Yo no lo hago, yo estoy tratando de meterle mano de obra, tengo gente para trabajar la madera, no para vender”, relata el mayor de los hijos de Martín.
 
“Cuando desarmamos bodegas, lo que queda del vino es algo muy elegido para decorar distintos espacios, como cavas, aunque es muy selecto nuestro cliente”, destaca y aclara que más allá de la innovación en cuanto a aberturas, su especialidad sigue siendo la tonelería, ya que continúan reacondicionando barricas y hacen toneles de 50 o 30 litros.
 
“Mi papá sigue haciendo tonelitos para gente que hace vino en pequeño volúmenes. Eso mi papá no lo va a abandonar nunca”, dice con orgullo Marcelo, quien comparte el devenir de la empresa con la colaboración de su hermano Federico.